El artista y la enfermedad: desarmando mitos

david white

Escultura de David White

Generalmente se asocia de forma romántica la enfermedad al trabajo artístico.

La historia del arte y el inconsciente colectivo están llenos de casos en donde se sostiene que la genialidad está basada en la enfermedad (generalmente mental), en que el arte salva y cura o en el estoicismo de artistas que siguieron creando a pesar de sus dolencias.

Y me estoy refiriendo a las afecciones de larga duración e incapacitanes, así como a las crónicas.

Buscando material es prácticamente imposible encontrar casos reales, en donde se diga claramente que el artista, como cualquier otro ser humano no es capaz de trabajar a causa de su enfermedad en ciertos periodos, y que se explique este hecho desde un enfoque objetivo.

Frida Kahlo y Van Gogh son los casos prototípicos, admirables, modélicos de artistas que salieron adelante a pesar de su condición.

Pero la verdad es que la mayoría de los hechos no son así.

Un artista es un ser humano con características anatómicas y fisiológicas como cualquier otro. La pasión por su trabajo poco tiene que ver cuando no es capaz de llevar a cabo su labor. Pero aún así se espera de ellos una fuerza sobrenatural que sobrevuele a la depresión, el cáncer, el reumatismo, lo que sea, para que continúe produciendo.

Es una visión falsa y nefasta: toda romantización es peligrosa, y en este caso, especialmente estúpida.

Cuando pasas por una enfermedad invalidante, a menudo no hay manera de llevar a cabo tus proyectos porque tu cuerpo te lo impide. En cualquier otra profesión esto es aceptado como lógico, pero al parecer el arte concedería unos superpoderes que te permitirían, por ejemplo, mantenerte de pie esculpiendo mientras sufres dolores insoportables.

De más está decir que el cerebro también padece en ocasiones problemas cognitivos y de concentración. Cuando el dolor o el malestar es demasiado fuerte, tus ideas no son claras, tu coordinación motora no es buena.

También es muy común la fábula que explica que en momentos de convalecencia, nuestro espíritu penetra en lo más profundo y logra comprender cuáles son los temas realmente trascendentes. Una especie de tratamiento detox a través de la miseria física o mental.

Si tu problema es un brazo quebrado que te impide pintar, ésto puede llegar a ser verdad: tendrás más tiempo para reflexionar. Pero si el dolor o las molestias son realmente profundas, ésto no es más que una quimera.

En el mejor de los casos, aun intentando hacer caso omiso a todas las señales que el cuerpo te envía diciéndote categóricamente que no estás en condiciones de dedicarte a ello, insistes y te dañas aún más.

Probablemente los resultados sean mediocres, con lo cual la frustración será doble.

Por otro lado, negar a la enfermedad como parte integrante e inevitable de la vida, nos lleva fácilmente a posiciones desatinadas y poco prácticas. Aceptar la realidad es imprescindible para sobrevivir y además sobrellevar con más entereza los momentos complejos.

La moderna ideología del pensamiento positivo no hace más que reforzar estos preceptos funestos. No teníamos suficiente con la leyenda del artista sufrido, como para además agregarle el imperativo de seguir produciendo, como máquinas (para el romanticismo somos superhéroes, al menos), sin reflexionar, sólo a fuerza de sonrisas autoimpuestas y pensamientos mágicos.

Quien no sea capaz de dedicarse al arte porque su cuerpo no se lo permite, es el único culpable de su situación. Ahora sí tienes aún más razones para sentirte peor: culpable y fracasado. Atrapado sin salida porque además este inteligente y científico “pensamiento” sostiene que nosotros mismos creamos nuestras enfermedades siempre (no existen genes, infecciones ni nada por el estilo), por lo que deberíamos inmolarnos y dejar de dar vergüenza.

Creo que es importante entender que toda la mitología alrededor del arte y la enfermedad no es más que basura, completamente absurda y nociva para el artista real.

La voluntad está muy lejos de serlo todo, el sentido común va primero.

El arte no es más importante que la salud, sino que depende de ella.

Si bien es cierto que algunos artistas pueden acostumbrarse a su condición y adaptarse, creando como pueden; no significa que todos tengan que sacrificarse e ir en contra de la naturaleza por una “imperiosa necesidad de crear”.

Es cierto que muchos artistas con problemas mentales o físicos graves concibieron obras excepcionales, pero no lo hicieron por eso, sino a pesar de eso.

matisse en la cama

Matisse pintando desde la cama

La cuestión está en dejar de valorar como positivos al sacrificio desmesurado, a la enfermedad en el artista, a la falta de inteligencia que significa priorizar el arte a la salud o a cualquiera otra necesidad básica.

Parte del respeto hacia el artista, tanto del público, como desde nosotros mismos, es poner límites saludables y razonables a nuestro trabajo. Ni más ni menos de lo que merece el resto de seres humanos.

cama desarmada

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