Arte y amistad hasta el final: “Mi obra maestra”

Ayer vi la película “Mi obra maestra”, y obviamente no soy crítica de nada, y mucho menos de cine.

Pero sí soy artista y cuento con poquísimos amigos que me acompañarían hasta el final del mundo. Eso ya me pareció suficiente como para escribir sobre lo que sentí.

Es una película argentina de 2018 escrita por Andrés Duprat y dirigida por Gastón Duprat, quien también dirigió “El ciudadano ilustre” y “El hombre de al lado”. La misma está protagonizada por Guillermo Francella y Luis Brandoni.​ Fue seleccionada para participar en la 75° edición del Festival de Venecia en la sección oficial.

Imposible hacer un spoiler porque tiene tantas interpretaciones como espectadores: recorre tantos valores humanos a través de la tragicomedia, que sacar una única conclusión sería necio.

Lo que se puede adelantar es que los protagonistas son un artista mayor de convicciones férreas y su galerista, amigo de toda la vida.

Ni siquiera los trailers hacen honor a su contenido, ya que están hechos para vender, tomando algunos de los momentos más hilarantes, pero no por ello más trascendentes.

Tampoco las sinopsis que la explican, no por lo menos para quienes sienten profundamente y ven más allá de una historia entretenida.

Es una obra sorprendente, llena de giros, en donde lo que predomina es la importancia del arte y la amistad ante todo.

Podría hablar de las excelentes actuaciones, de los guiones ajustados, de la fotografía fuera de serie, pero lo que más me tocó fue la historia.

Ojalá todos tuviéramos una pasión como aquella y tan solo, al menos, un amigo, como ese.

Link Trailer: “Mi obra maestra”

mi obra maestra

 

 

 

¿Qué es mejor para el artista: vivir en el campo o en la ciudad?

Esa pregunta me rondaba desde hace mucho tiempo, pero imposibilitada de confirmarla en la práctica, allí quedó hasta el año pasado.

Dejé Barcelona por un año y me fui a vivir a Francia, a las afueras de un pequeño pueblecillo en la frontera con Suiza.

Me devolvieron la naturaleza y el espacio, el levantarme sin prisas cada mañana, sin cumplir un horario.

Era la primera vez en mi vida que no trabajaba o estudiaba. Tenía todo el tiempo para mí.

Preparé pan casero, jugué con mi perra en el jardín, observé la vegetación como hacía tanto que no lo hacía, me embelesé con la maravilla de la nieve. La miré por primera vez no como esquiadora, sino como habitante.

Por primera vez dibujé y esculpí porque realmente quería hacerlo, disfrutándolo como pocas veces antes. Sin culpas, remordimientos, fechas de entrega, preocupaciones por horneadas fallidas, y tantos miles de obstáculos que siempre me acompañaron sin que me diera cuenta.

elegida

La creación es para mí una forma de supervivencia. Dibujo cuando me cuesta respirar, escribo cuando mi mundo se da vuelta y no sé cómo mantenerme en pie.

Es verdaderamente un acto de supervivencia y por eso tiene tantos altos y bajos.

El arte lo impregna todo en mi vida: mis aficiones, mi tiempo libre, mis conversaciones. Soy consciente de esto y quizás estuviera bien dar una vuelta por terrenos diferentes, pero de momento sigo visitando exposiciones.

Y entonces pasaron 3 meses. Mi vitamina D bajó drásticamente por falta de sol, lo que me producía mucho sueño y cansancio.

Me di cuenta de cuánto me había estado contaminando la ciudad. Su publicidad constante, la conectividad permanente, la cantidad de obligaciones aburridísimas que siempre se acumulan. La obligación de tratar con la gente. Sí. Algo cambió en mi forma de ver las relaciones, decidí descartar a quienes no me proporcionaban nada ni siquiera a la distancia, manteniendo los lazos con quienes sí me seguían aportando.

de ida

Menos gente. El arte avanzaba.

Mi trato con la gente se retraía. En este pueblo no había siquiera un café. Empecé a echar de menos a la cultura. A falta de cine, buscaba en la cartelera obras de teatro con avidez, pero resultaban ser pequeñas comedias musicales que empeorarían más mi estado.

Y fue entonces cuando me di cuenta que sin el estímulo del arte ajeno y de la cultura producida por otros, me agoto.

Por más proyectos que pueda tener en mente, mis manos se niegan a llevarlos a cabo. Simplemente no les encuentro sentido.

La cultura es mi combustible, suena tan snob que da risa. Quisiera decir que mi motor es la naturaleza, pero tal como dice Cortázar: No se fíe, che, de la contemplación absorta de un tulipán cuando el contemplador es un intelectual. Lo que hay allí es tulipán + distracción, o tulipán + meditación (casi nunca sobre el tulipán)”.(Julio Cortázar, Un tal Lucas).

Saber quién es Raskolnikov me devuelve una parte mía, visitar una buena librería me ayuda a completarme. Comprar un libro de Amélie Nothomb en su lengua original, define mis bordes, mis perfiles. Dios, qué snob.

Pero así fue como empecé a desdibujarme. Ya no me alcanzaban los horizontes verdes y las mañanas de nieve, ni los libros de Boris Vian. No tenía ganas de dibujar, simplemente ya no le veía el sentido. Aun teniendo tiempo y materiales, el objetivo había desaparecido. No tenía con quién conversar sobre estas cosas, a quién preguntarle si los colores elegidos serían los correctos, nadie me explicaría qué hacer con tantas piezas después de terminarlas.

El arte tiene características muy especiales, y una de ellas es que algunos de nosotros realizamos cosas sin saber qué haremos con ellas después. La necesidad de crear es tan grande que la finalidad queda justamente para el final. Primero hago, luego decido qué hago con lo que he hecho.

Mis conclusiones son: 6 meses de soledad, sí; 1 año de vida alejada de la ciudad pero con una pequeña comunidad de artistas no muy lejana, sí; 1 año de vida alejada de la ciudad pero con una ciudad cercana culturalmente activa, sí.

Fantasía bucólica de vida artísticamente solitaria e independiente, huele de lejos a fracaso, aburrimiento, ruptura amorosa, persona en permanente albornoz y pantuflas.

Para conservar un mínimo de dignidad, al menos estéticamente, antes de marcharte al pueblo pequeñito-ideal-para-crear-y-criar-tus-gallinas-ponedoras, asegúrate de tener una sala de conciertos cerca.

pexels-photo-374710.jpeg

La procrastinación en los artistas

Recostada en el sofá, con mi perra a los pies, evito mirar hacia la derecha.

Sé bien qué es lo que hay en esa zona de la habitación: un atril con un dibujo a medias. Lo he terminado en mi cabeza con todos sus detalles hace meses. Es casi indignante verlo y verificar que esas sombras que deberían estar completas, no existen.

Lo que pasa es que antes de ponerme a dibujar debo lavar los platos que quedaron de anoche, poner una lavadora, doblar toda la ropa limpia y guardarla, ir a tirar la basura reciclada, hacer la cama, mirar a la nada desde mi terraza. Me siento al lado de mi perra y la acaricio mientras me miro los pies, de ahí el suelo, el césped que se extiende hasta el final de mi vista.

En mi cabeza pelean el sentido de obligación de ponerme a dibujar, y una resistencia sorda e inexplicable.

Sé que no soy la única, la procrastinación, porque así se llama lo que hago con tanta profesionalidad, es un mal que se ensaña especialmente con los artistas.

La procrastinación (del latín procrastinare: pro, adelante, y crastinus, referente al futuro), es la postergación o posposición es la acción o hábito de retrasar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras situaciones más irrelevantes o agradables (Wikipedia).

Puede ser confundida con la pereza, pero no, es simplemente miedo. A no estar a la altura, a no crear una obra tan perfecta como debería ser, a no ser capaz.

En vez de enfrentar ese fantasma, nos vamos cubriendo con responsabilidades teóricamente impostergables que hacen que ese fracaso no tenga posibilidad de existir.

Se le suma entonces la sensación de culpa: sabemos bien que no hemos cumplido con nuestro trabajo, las agendas llenas de listas y nada tachado, la percepción de que mañana será igual y así nos encontraremos en un círculo vicioso del que resulta difícil salir.

Definitivamente la disciplina debe ser uno de los puntales básicos del artista. Que quede para la literatura la idea del pintor bohemio, víctima de súbitos arranques de inspiración genial, prolífico y anárquico a la vez.

No negaré la existencia absoluta de algún individuo así, simplemente constato que la gran mayoría está formada por personas que sufren bastante intentando conciliar su vida diaria con el arte.

En las escuelas y universidades no se nos explicó ningún método de trabajo, y ni hablar de todo lo que envuelve al arte pero que no es arte: contabilidad, búsqueda de trabajo o clientes, marketing, publicidad, etc.

Así que hablando con otros colegas y leyendo bastante, he logrado una lista de 15 puntos que pueden ayudarnos a dejar a la procrastinación KO.

procrastinacion cuadro

Consejos para ganarle a la procrastinación y comenzar a crear:

1- Crea una lista de tareas todos los días: Decide cuáles son tus prioridades y ocúpate de las cosas más urgentes primero. No las pospongas para última hora del día cuando ya estás cansado. Incluye detalles de las tareas que debes realizar.

2- Sé realista sobre lo que puedes lograr: No te responsabilices de una larga lista de actividades que te causarán stress. Cando programes ten en cuenta las pausas de descanso.

agenda

3- Comienza tu día con la tarea más difícil: hazla primero y ya habrás conquistado el día.

4- Ponte un objetivo: Dentro de un tiempo específico, realista y mesurable.

6- Enfócate en un propósito: Intenta pensar qué te motivó a dedicarte al arte ¿Cuál es la intensión de lo que haces?Pensar así sobre tu misión puede ayudar a motivarte y ponerte en acción. Pregúntate realmente qué es lo que quieres hacer, y si te das cuenta de que algo ha cambiado, cambia tus objetivos.

4- Ve a tu ritmo: En vez de dedicarte a una tarea durante una larga cantidad de horas, divídela en segmentos.

5- Entra en tu estudio y cierra la puerta: Asegúrate de que los demás entiendan y respeten tu lugar y tiempo de trabajo. Pero debes ser tú primero quién se tome en serio esto.

6- Di no a las distracciones: Mantente alejado de las redes sociales, apaga el teléfono si hace falta. Revisa tu mail solo un par de veces por día y cuando ya tengas bastante trabajo adelantado.

7- Sé estricto con tu tiempo: si has planeado varias cosas para tu día, usa una alarma que te ayude a dividir el tiempo y respétalo.

8- Termina lo que estás haciendo: antes de empezar un proyecto nuevo, asegúrate de terminar lo que tienes en proceso. Terminar las cosas otorga una gran satisfacción, mientras que lo contrario nos produce stress, ansiedad y letargo, quitándonos energía. Termina cosas y quítatelas de encima, sintiéndote liviano, activo y listo para más.

9- Trabaja todos los días en tu arte: La persistencia es la clave de todos los emprendedores, artistas incluidos.

procrastinacion

10- Haz arte malo: ya que el perfeccionismo es una de las causas principales de la procrastinación, ésto puede paralizarnos. La clave es crear cosas malas intencionadamente, o por lo menos dejar de preocuparse tanto porque resulte perfecto. Una técnica es tener un cuaderno que nunca se muestra, en donde dibujar sin preocuparse por nada.

11- Toma una decisión, la que sea: Analiza tus opciones, elige un camino y actúa.

12- Cambia tu entorno: Si tu zona de trabajo está desordenada, si hay mucho ruido y movimiento, tu concentración se puede dificultar. Procura tener un lugar privado y mantenerlo lo más ordenado posible.

13- Suma a un/a compañero/a: crear grupos de estudio o trabajo es un gran motivador. Si al menos te pones de acuerdo con otro artista con quien apoyarse mutuamente, teniéndose al tanto de los avances y dificultades que tengáis ambos.

14- Búscate un mentor: Los mentores son grandes motivadores para la acción. Busca a alguien que haya llegado a donde quieres llegar. Puede facilitarte mucho el camino, decirte qué es lo importante y lo accesorio y apuntalar tus progresos.

15- Prémiate por logros: Muchas de las cosas a las que nos enfrentamos son difíciles para nosotros porque nadie nos ha enseñado a hacerlas (contabilidad, marketing, ventas, etc.), así que cuando termines un proyecto, prémiate con algo especial.

cine

 

Bibliografía

  • Aguilar, 2011.